domingo, 3 de febrero de 2008

Niebla. Miguel de Unamuno


Siempre he guardado con Don Miguel de Unamuno una relación bastante más fluida y entrañable que con Don Pío Baroja o con Don Ramón del Valle Inclán. Si bien este último escribió en uno de sus libros, “La corte de los milagros”, uno de los párrafos más impactantes y lapidarios que haya leído jamás (1), y con Pío Baroja me sumergí, de la mano de Shanti Andía, en una profunda fascinación por el mar y su mundo, ha sido sin duda con Don Miguel de Unamuno con quien más he disfrutado de la literatura de una época anterior a la guerra civil.

Jamás he conseguido formarme una idea clara del carácter del escritor. Leyendo sus ensayos, serios y rigurosos, encaminados la mayor parte de las veces de una manera en algunos momentos obsesiva a conciliar fe y razón, no se puede hacer uno una idea de la ironía, el humor tragicómico y la chanza a una sociedad encopetada y represiva que se desprende de sus obras de ficción. Miguel de Unamuno representa para mi el espíritu inconformista, antidogmático, siempre con dudas y sin una clara pertenencia a una tendencia política determinada. Todos recordaréis sin duda el famoso episodio en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, en 1936, cuando dijo aquello de “Vencereis, pero no convencereis” a unos exaltados legionarios encabezados por el mutilado Millán Astray, y que estuvo a punto de costarle la vida al escritor cuando contaba con la friolera de 72 años de edad. También había protagonizado episodios de desencuentro con el gobierno republicano. Su actitud ante lo establecido fue siempre de crítica, de no dejarse llevar por los acontecimientos, aunque en ocasiones corriera peligro. Siempre me ha provocado admiración su integridad moral y ética, frente a otros escritores de su quinta, como el mismo Baroja, de acomodaticia ambigüedad política. Unamuno escribe sus novelas, tanto “Amor y pedagogía” como la magnífica e incisiva “La tía Tula”, con un estilo que parece moralista siendo realmente irónico y demoledor, sin el sentido del humor de Jardiel Poncela, pero muy cercano en cuanto a cinismo se refiere.

“Niebla” se publicó en 1914, cuando el escritor ya era reconocido mundialmente. Con una prosa ligera, llena de diálogo y bastante sugerente, nos describe Unamuno las andanzas amorosas de Augusto Pérez, un individuo acomodado de mediana edad que un buen día descubre la belleza de Eugenia Domingo del Arco, profesora de piano de la que todo el mundo parece tener referencias menos el.

“¿Y como me he enamorado si en rigor no puedo decir que la conozco?. Bah, el conocimiento vendrá después. El amor precede al conocimiento, y este mata a aquel”. Tales son las disquisiciones de Augusto ante el repentino amor que ha sentido por Eugenia. Tan ensimismado se vuelve, que ni siquiera la ve cuando se cruza un par de veces con ella por la calle.

La oportuna casualidad de salvar a un periquito que se cae desde una terraza, con jaula y todo, le permite a Augusto entablar conversación con los tíos de Eugenia, una mujer asturiana, Ermelinda, que enseguida vislumbra la posibilidad de conseguir que su sobrina olvide al vago de Mauricio, el vago con el que está medio ennoviada, y entable relaciones con Augusto, un gran partido según se desprende de su porte y su conversación, y Fermín, un anciano anarquista místico que habla esperanto.

“- Pero hombre –le arguyó su mujer-, ¿cómo se compadece eso de Dios con el anarquismo?. Ya te lo he dicho mil veces. Si no debe mandar nadie, ¿qué es eso de Dios?.
- Mi anarquismo, mujer, me lo has oído otras mil veces, es místico, es un anarquismo místico. Dios no manda como mandan los hombres. Dios es también anarquista. Dios no manda, sino...
- Obedece, ¿no es eso?.
- Tu lo has dicho, mujer, tú lo has dicho. Dios mismo te ha iluminado. “

Las visitas de Augusto se suceden a la casa de los tíos de Eugenia. En una de ellas, la chica se las arregla para hablar con Augusto a solas, y le advierte que tiene novio, que está muy enamorada de Mauricio, y que aunque este no trabaje ella está dispuesta a mantenerle, y a ahorrar para pagar la hipoteca que pesa sobre su casa. Augusto toma una decisión, y de forma grandilocuente, se la traslada a los tíos de Eugenia:

“- ¡Yo, sí, yo, señora!. ¡Estoy dispuesto a sacrificarme por la felicidad de Eugenia, de su sobrina, porque mi felicidad consiste en que ella sea feliz!.
- ¡Bravo! –exclamó el tío-, ¡bravo!, ¡bravo!. ¡He aquí un heroe!, ¡he aquí un anarquista...místico!.
- ¿Anarquista? –dijo Augusto-.
- Anarquista, si. Porque mi anarquismo consiste en eso, en eso precisamente, en que cada cual se sacrifique por los demás, en que uno sea feliz haciendo felices a los otros, en que...
- ¡Pues bueno te pones, Fermín, cuando un día cualquiera no se te sirve la sopa sino diez minutos después de las doce!
- Bueno, es que ya sabes, Ermelinda, que mi anarquismo es teórico. Me esfuerzo por llegar a la perfección, pero...”

Augusto decide hacerse cargo de la hipoteca de Eugenia, que al principio no acepta porque no quiere estar en deuda con el generoso enamorado. A todo esto, Augusto empieza a enamorarse también de Rosario, la muchacha que le plancha la ropa, y con la que mantiene una relación más directa, más física que el platonismo que desarrolla con Eugenia.

En una ocasión, Augusto se encuentra en la iglesia con Avito, el protagonista de la novela “Amor y pedagogía”, también de Unamuno, en la que su hijo Apolodoro se suicida al no poder soportar la presión educativa de su padre.

Habla don Avito:

“- Sí, Augusto, si. La vida es la única maestra de la vida. No hay pedagogía que valga. Solo se aprende a vivir viviendo, y cada hombre tiene que recomenzar el aprendizaje de la vida de nuevo...
- ¿Y la labor de las generaciones, Don Avito, el legado de los siglos?.
- No hay más que dos legados: el de las ilusiones y el de los desengaños, y ambos solo se encuentran donde nos encontramos hace poco: en el templo.”

Cada vez está más liado Augusto, hasta que de repente, Eugenia le dice que se quiere casar con el. Buscando razones que hayan podido empujar a su amada a adoptar ese cambio de timón, Augusto sospecha que su relación con Rosario ha pesado bastante.
“Probablemente no nace el amor sino al nacer los celos; son los celos los que nos revelan el amor. Por muy enamorada que esté una mujer de un hombre, o un hombre de una mujer, no se dan cuenta de que lo están, no se dicen a sí mismos que lo están, es decir, no se enamoran de veras sino cuando el ve que ella mira a otro hombre o ella le ve a el mirar a otra mujer. Si no hubiese más que un solo hombre, y una sola mujer en el mundo, sin más sociedad, sería imposible que se enamorasen uno del otro. Además de que hace falta siempre la tercera, la Celestina, y la Celestina es la sociedad.”

Como el asno de Buridán (un asno, según el autor, que murió de hambre y sed al no poder decidirse entre el saco de cebada y el cubo de agua que tenía delante) se encuentra Augusto entre Rosario y Eugenia, cuando decide escribir un erudito estudio sobre la mujer, para lo cual consulta con el crítico Antolín S. Paparrigópulos.

“Para Antolín, el principal , casi el único valor de las grandes obras maestras del ingenio humano, consiste en haber provocado un libro de crítica o de comentario; los grandes artistas, poetas, pintores, músicos, historiadores, filósofos, han nacido para que un erudito haga su biografía y un crítico comente sus obras, y una frase cualquiera de un gran escritor directo no adquiere valor hasta que un erudito no la repite y cita la obra, la edición y la página en que la expuso. Y todo aquello de la solidaridad y el trabajo colectivo no era más que envidia e impotencia –en otro punto del libro, Antolín declara que la obra humana, incluso grandes obras como “La divina comedia” , “La Eneida” o un cuadro de Velásquez, son colectivas, y que nada que no sea colectivo no es ni sólido ni durable-. Pertenecía a esa clase de comentadores de Homero que si Homero mismo redivivo entrase en su oficina cantando le echarían a empellones porque les estorbaba el trabajar sobre los textos muertos de sus obras y buscar una apax cualquiera en ellas”. Resulta curioso que se trate, en una novela de 1914, el mismo tema de la colectividad en el arte que se toca en la película “El manantial”, de King Vidor, rodada en 1949.

Continua Augusto en su encrucijada particular, entre Rosario y Eugenia, cuando mantiene este diálogo con su amigo Víctor:

“- Mejor, pequeño Hamlet, mejor. ¿Dudas?, luego piensas. ¿Piensas?, luego eres.
- Si, dudar es pensar.
- Y pensar es dudar y nada más que dudar. Se cree, se sabe, se imagina sin dudar; ni la fe, ni el conocimiento, ni la imaginación, suponen duda, y hasta la duda las destruye, pero no se piensa sin dudar. Y es la duda lo que de la fe y el conocimiento, que son algo estático, quieto, muerto, hace pensamiento, que es dinámico, inquieto, vivo.
- ¿Y la imaginación.
- Si, ahí cabe alguna duda...Cabe duda en el imaginar, que es pensar.”

Todas las dudas se disipan cuando Eugenia huye con Mauricio dos días antes de su boda con Augusto, no sin que antes, previamente, Mauricio se haya encargado también de cortejar a Rosario. Ante tantas desdichas, Augusto decide suicidarse, no sin antes presentarse ante el autor de su historia, ante el dador de vida, que da clases en la Universidad de Salamanca, y que no es otro que el mismo Unamuno. En un momento de la entrevista, Augusto se crece, decide seguir viviendo, que es inmortal y que va a acabar incluso con la vida del autor. Ante tamaño despropósito, el autor le dice que ya le tiene harto, y que va a acabar con el en cuanto llegue a su casa, que para eso es el autor. Augusto vuelve en el tren, contando los minutos que le quedan de vida, consternado y abatido. Habla el autor:

“Tristísima, dolorosísima había sido últimamente su vida, pero le era mucho más triste, le era más doloroso pensar que todo aquello no hubiese sido sino un sueño, y no sueño de el, sino sueño mío. La nada le parecía más pavorosa que el dolor. ¡Soñar uno que vive..., pase, pero que le sueñe otro...!”

Una gran novela, que no ha envejecido, para mi gusto, sino todo lo contrario. No os dejará indiferentes, os lo aseguro.


(1)”Ante la retórica de los motines populares, los espadones de la ronca revolucionaria nunca excusaron sus filos para acuchillar descamisados. El ejército español jamás ha malogrado ocasión de mostrarse heroico con la turba descalza y pelona que corre tras la charanga”.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me alegra ver que coincidimos a la hora de interpretar a Don Miguel. También yo me identifico mucho con él, con su infatigable lucha en vida por "conocer". Últimamente estoy estableciendo muchas relaciones entre su pensamiento y el A. Einstein, otro de mis pensadores favoritos, aunque he de reconocer que el científico más importante para mí fue Newton, de ahí parte toda la física actual (sí a parte de la lectura, me encantan las ciencias. Tengo establecida una relación personal entre la física y la filosofía, entre las matemáticas y la música, y bueno la geometría es la madre de las ciencias para mí).
Einstein decía que él no era ni más ni menos que el resto de personas, lo único que le podía diferenciar del resto es su incansable curiosidad por las cosas.
Bueno me ha gustado mucho tu blog y ver que hay personas con cuyos pensamientos coincido. Y no sólo nos une el amor a la lectura, al cine, Unamuno...es curioso que también me dedique al mundo de la construcción. Soy arquitecto de 34 años, pero al igual que tú me considero más que escritor, pensador, más que arquitecto, humanista. En fin una mente inconformista por naturaleza.
Saludos y gracias.

Jorge lópez, jnavll@yahoo.es

felixon dijo...

Gracias a ti por tus comentarios, Jorge. Resulta extraño encontrar a alguien de ciencias puras, como es tu caso, al que le interesen las humanidades, y más extraño todavía encontrar a alguien que haya leído "Niebla". Es un auténtico placer comprobar que existen personas, como tu, a las que le interesa algo más. Estoy completamente de acuerdo contigo en que es la curiosidad lo que nos diferencia de los demás, lo que nos empuja a ir siempre un poquito más allá en un intento de abarcar lo máximo posible.

Encantado de conocerte, Jorge. Verás que tengo el blog un poco abandonado, pero te prometo que dentro de muy poco voy a volver a revitalizarlo, este y todos los demás.

Gracias otra vez, y un cordial saludo.