sábado, 24 de marzo de 2012

"Peso cero", de Antonia Romero

Ya he aprendido, como dije en otra entrada, a no fiarme de las apariencias, y aparentemente, “Peso cero” parecía un libro más sobre los estragos que la anorexia causa en muchos jóvenes obsesionados por conseguir tallas imposibles, por adelgazar hasta extremos insostenibles para que un cuerpo humano desarrolle sus funciones vitales con normalidad. Y “Peso cero” es eso, por supuesto, pero es también mucho más.
Me encanta la manera en que Antonia hilvana una historia que no dejará a nadie indiferente. Alicia, la joven atacada por esa horrible enfermedad, es la protagonista, pero no adquiere el protagonismo hasta bien avanzada la trama. Conocemos primero a sus padres, a Mario y a Andrea, que están atravesando una crisis matrimonial importante. Ya en los primeros capítulos se percibe la calidad humana que sabe imprimir Antonia Romero a sus personajes, una profundidad que difícilmente se puede conseguir, a menos que el autor se preocupe por ello. La cena de Andrea, que se dedica a la decoración, con su cliente, se sustenta en un diálogo muy interesante, así como las apariciones de Mario, que se dedica a la cocina. Alicia aparece en estos primeros compases dibujada con ribetes, asistente a las evoluciones de sus padres y a las tonterías de la hermana de Mario, una mujer superficial y vana que provoca siempre la ira de su hermano.
“Ahora pretendía vender su parte para comprarse un coche de lujo, algo con lo que aparentar, algo con lo que supliese su poca importancia”
Poco a poco nos va introduciendo Antonia en el infierno de Alicia. Me extrañó el profundo conocimiento que tiene la autora de una enfermedad tan terrible como esa. En la novela aparecen prácticamente todos los trucos que utilizan las anoréxicas, en su obsesión ante la comida, para aparentar lo que no es. No se trata ya de vomitar a escondidas o de asistir a horrendos foros en los que las anoréxicas manifiestan su deseo de alcanzar el peso cero o morir, literalmente, en el intento. No es eso sólo. Lo meritorio, lo verdaderamente interesante de esta parte del libro, es la profundidad psicológica de la que dota Antonia tanto a Mario como a su hija Alicia, que se siente rechazada por todo el mundo.
“El espejo sigue hablándome en otro idioma diferente al que hablan la mayoría de los que me rodean y debo enfrentarme a él, no sin temor, como si un demonio lo habitara”
“Y es que catorce años son muy pocos para digerir decepciones”
Ya desde el principio entrevemos en qué consiste el mundo de Alicia, sus intereses, sus lecturas. Descubrimos la causa de su mal, de miles de jóvenes como ella.
“Se tumbó en la cama a leer una revista de esas “superactuales” donde te explican cómo vestir, como actuar, cómo ligar y hasta cómo comer para ser una chica de tu siglo. Mujeres clónicas en imágenes a todo color sobre papel cuché. Chicas jovencísimas con tallas increíbles, el culto a la fragilidad y al ascetismo revuelto con el culto a la belleza”.
Cuando sobreviene la tragedia, la muerte de Andrea en accidente, su mal se agudiza.
“Siempre hay personas intentando dar consuelo con palabras a aquellos que han perdido la capacidad de escuchar. Intento muy loable, pero totalmente inútil. Personas que creen que la pena ha de pasar rápidamente, que no es correcto mostrar el dolor en público ya que toda aquella gente que ha asistido a la ceremonia se siente incómoda ante dolor tan manifiesto”
Mario, apesadumbrado por la culpa y el remordimiento, tarda en descubrir la verdad, pero cuando lo hace, cuando ve a su hija atiborrándose de comida frente a la nevera abierta, con todo el suelo lleno de alimentos mordisqueados, el mundo se le viene encima.
Podría decirse que el libro entra entonces en otra fase completamente diferente. Desde el mismo momento de la entrada de Alicia del monasterio de monjas en el que está su tía Isabel, como medida de choque para intentar resolver su problema, empieza a coger relevancia otro personaje perfectamente construido, Sor Lucía, una novicia joven, de gran complejidad interior y con una historia  a sus espaldas que a medida que vayamos descubriendo la hará a nuestros ojos cada vez más y más interesante. Sus encuentros con Mario, sus diálogos, alcanzan una profundidad que he visto en muy pocos encuentros de ese tipo, incluso de autores consagrados. Escuchemos a sor Lucía en una de sus intervenciones ante Mario que más me han cautivado:
“¿Sabe una cosa? A veces, cuando leo no entiendo nada. Las letras pasan ante mis ojos y las páginas desfilan ante mí con un lenguaje incomprensible. Leo lo que hay escrito, reconozco las palabras, pero no comprendo su significado. No me queda más remedio que cerrar el libro y pensar en el motivo, intentando romper la barrera que no me deja comprender. Normalmente descubro que es fruto de mi soberbia, de mi convencimiento de estar preparada para entenderlo. A veces, con las personas que tenemos más cerca nos pasa lo mismo”
La historia transcurre cada vez más emotiva, cada vez con mayor interés. Asistimos a la aparente recuperación de Alicia al tiempo que vamos conociendo cada vez un poco más a sor Lucía, una mujer que tiene mucho que enseñarnos.
Cuando el libro termina, nos quedamos con ganas de más. A pesar de ser largo, se nos hace corto por la profundidad que muestra, por esa sensación que provocan algunos pocos libros de estar leyendo para disfrutar al tiempo que se alimenta el espíritu. Antonia Romero consigue con su forma de escribir mantener el placer por la lectura. “Peso cero” es una historia grande, muy grande, digna de leerse y de aprenderse, llena de matices, de frases tan poderosas y emotivas como las que he elegido para la entrada, de personajes con una hondura psicológica fuera de lo común.
Se está hablando en estos días en varios foros de la ventaja o no de publicar en amazon, de la elección de muchos autores de dejar sus obras gratis en diversas plataformas, de si en amazon publica todo el mundo, y por lo tanto se da entrada a mucha basura. Una discusión estúpida, bajo mi punto de vista, porque amazon no es más que una plataforma más para poder descubrir talentos valiosos, y cuando una plataforma, sea cual sea, te permite conocer a una autora tan profunda e interesante como Antonia Romero, y sacar a la luz joyas tan perfectamente talladas como “Peso cero”, bienvenida sea, ahora y siempre.

miércoles, 14 de marzo de 2012

"Dimitri Galunov", de Blanca Miosi

Me enfrenté con este libro casi con la seguridad de que no me iba a defraudar. He leído otras obras de Blanca, y más o menos le tengo “cogido el tranquillo”. Me encanta su estilo de escritura, los temas que suele acometer, su experiencia en la literatura y en la vida. Por méritos propios se ha convertido en una de mis autoras preferidas. Todo eso me decía a mí mismo mientras me enfrentaba con Dimitri, ese muchacho que incendió la casa en la que vivía su familia.

Con ese extraño suceso arranca la trama de una novela que me atrapó desde el mismo comienzo. Me resultó sorprendente la ambientación que consigue Blanca en su relato, que mi imaginación colocó en algún lugar de EEUU en la década de los cincuenta o sesenta. A cada momento me parecía estar contemplando un cuadro de Edward Hopper, o leyendo algún relato de ciencia ficción de Ray Bardbury, al que tanto le gustaba recrear extraños sucesos en la América profunda. “Dimitri Galunov” puede encuadrarse perfectamente en el género de ciencia ficción, pero sin naves estruendosas ni monstruos intergalácticos. Podría decirse ciencia ficción clásica, que también cultiva de vez en cuando Stephen King, sobre todo en sus mejores tiempos.

Me resulta imposible comentar la novela, el asunto que trata, sin desvelar la trama. Sólo puedo decir que los personajes están perfectamente trazados, sobre todo el protagonista, que posee una inteligencia fuera de lo normal y por ello precisamente sufre en muchas ocasiones, como cuando desenmascara a otros niños como él, supuestamente superdotados y que sin embargo no le llegan ni a la suela de los zapatos. Están muy bien trazados también Weston, y Antón, y Sara y Violet, una joven inteligente y ambiciosa que jugará un papel importante en la trayectoria vital de Dimitri. Tampoco dejará indiferente a nadie la visión del lugar al que se encamina la humanidad. En ese sentido, la novela reflexiona sobre el desperdicio y la carencia de recursos a la que nos veremos abocados por nuestra inconsciencia y nuestra falta de compromiso con la naturaleza.

Blanca demuestra con esta novela que se mueve con pez en el agua por cualquier género que visite con su imaginación. Historia en “La búsqueda” y “El legado”, aventura e intriga con “El manuscrito”, y una ciencia ficción esmerada y elegante con este “Dimitri Galunov” que hoy comento. Imprescindible lectura para todos los amantes no sólo del género, sino de la buena literatura en general. No, no me ha defraudado “Dimitri Galunov”. En absoluto. Todo lo contrario, me ha encantado.

Que el aullido del lobo que preside el alma de Dimitri os acompañe mientras conocéis su interesante trayectoria vital.

sábado, 18 de febrero de 2012

La arena del reloj, de Mayte Esteban

“Cuando Ya has vivido parte de tu vida sientes la necesidad de mirar hacia atrás, de recordar acontecimientos que marcaron tu pasado y condicionaron lo que entonces era tu futuro. Novalis decía que la vida debe ser una novela que inventamos y yo creo que todas las vidas, por sencillas que parezcan, llevan escondida una novela”
Este es el comienzo, el magnífico comienzo, del libro que Mayte Esteban ha dedicado a la memoria de su padre, Juan José Esteban Puado.
Existen varias razones que nos empujan a coger un libro y zambullirnos en su lectura. Leemos para entretenernos, para pasar el rato, del mismo modo que podríamos estar mirando la televisión. En otras ocasiones leemos para aprender, para saber más, para alimentar esa curiosidad insana que tenemos algunos, y que no queda satisfecha con los movimientos de la gente de la farándula o con los picorcillos del gallito de turno de Gran Hermano.
En otras ocasiones, posiblemente las menos, y sin embargo las más intensas, leemos para alimentar el espíritu, para compartir sentimientos, para crecer como personas a través de las vivencias de otras personas, de sus recuerdos, de sus anécdotas, de su dolor. El libro de Mayte puede encuadrarse, a mi gusto y por pleno derecho, en esta última categoría, sin desmerecer en absoluto las otras dos, que también alimenta con rigor y amenidad.
Descubrí “La arena del reloj” tras leer la magnífica reseña que le dedicó Tatty en su blog “El universo de los libros”, que os invito a leer en el siguiente enlace:
En el libro de Mayte podemos encontrar muchos elementos capaces de remover nuestra conciencia, de despertar un sentimiento que, por desgracia, y como muy bien dice Mayte, se está perdiendo: el de la empatía, el de la facilidad para ponerse en el lugar del otro, vestir su piel, algo que antaño resultaba sencillo y gratificante, porque la gente vivía en sociedad, los niños jugaban juntos en la calle, las personas conocían su entorno y Madrid, es verdad, estaba compuesto por barrios más parecidos a pequeños pueblos. Resulta muy nostálgico, y bastante envidiable, el episodio en el que el padre de Mayte nos cuenta que a la muerte del abuelo Julito, cerraron todas las tiendas de la calle en que vivía. Hoy en día está todo enfocado a promover la soledad de las personas, desde la niñez a la madurez, lo que eclipsa esa empatía de la que hablábamos antes.
Mayte consigue la empatía absoluta a través de su libro. Meterse en la piel de su padre, sentir la vida que ha llevado, hacerse una con su padre. No resulta sencillo lograr algo así, pero sí que es cierto que los que hemos pasado por una experiencia similar hemos vivido la vida del otro durante un plazo de tiempo irregular. Hemos sufrido al abrir el sobre con los resultados de los análisis, hemos disfrutado cuando las noticias abrían una puerta a la esperanza, hemos llorado y reído con la intensidad que provoca la posibilidad de que todo acabe de repente. Hemos subido, en definitiva, a esa “montaña rusa” que define Mayte. No es algo sencillo de explicar, salvo si se ha vivido, y cuando se ha vivido, no hace falta explicarlo. Mayte es generosa, escucha a su padre, se vuelve niña de repente, como la hija pequeña que fue en un momento dado. Graba la historia de Juan José, su vida, su experiencia, su alma, y la comparte con nosotros con generosidad y sencillez, con la profesionalidad que muchas escritoras que se consideran o son consideradas consagradas no poseen. Resulta imposible dejar de leer cuando uno se sumerge en la arena de ese reloj que llenaba la vida de Juan José, la vida de todos y cada uno de nosotros.
Apenas aparece la enfermedad. Es un deseo que expresó el mismo Juan José cuando pactó con su hija la gestación de la historia de su vida. “Él no quiere hablar de ello, no quiere que en estas páginas aparezca por ninguna parte su enfermedad, es como si negándose a registrarla por escrito fuera a desaparecer”, escribe Mayte. El dolor está, pero eclipsado por las ganas de recordar, de contar la experiencia vital. Resulta inevitable sonreír en muchas ocasiones, como cuando Tere se cae de la moto de Juan José y se pega un culetazo de órdago, o como ante esa frase que le dirigía siempre el abuelo Julito al primo Antonio, “cerrojo, que eres más cerrojo que el de la iglesia de San Antonio”, que llevó al padre de Mayte a visitar dicha iglesia picado por la curiosidad, para comprobar que el tal cerrojo “era un instrumento de diez centímetros de diámetro y un metro de largo”.
Mayte consigue con el libro recuperar a su padre, al de verdad, al que bailaba con chicas en las fiestas, consiguiendo “una sesión de pisotones de un minuto y medio” por culpa de los permisos y exámenes que concedían las recelosas madres a los peticionarios. Al hombre que se desenvolvió con entereza y sacrificio en una España gris y medio en escombros, que con sus ideas y su inteligencia consiguió ganarse el respeto de los que compartían trabajo con él en la fábrica en la que pasó la mayor parte de su vida laboral. No conocemos al Juan José enfermo, y en eso consiste la maestría de Mayte, en ocultarle a su padre los miedos y el sufrimiento que sin embargo comparte con nosotros. Conseguir eso, la persona que fue antes de la enfermedad, es algo que buscamos los que hemos pasado por ello, y que sólo se logra con el paso del tiempo. A los dos o tres años, no antes, se difuminan esos últimos meses de dolor y aspecto demacrado, y vuelve a la cabeza la fotografía de la persona sonriendo y tal como era. El libro de Mayte ayuda, con su magia, a recuperar esa fotografía.
Cuando nacemos se pone en marcha el mecanismo invisible de nuestro reloj vital”, nos dice Mayte. De un reloj que no se sabe ni la arena que contiene, ni el tiempo que va a tardar en agotarse, ni el orden que van a adoptar los granos una vez que pasen al otro lado a través del estrecho agujero. La prosa de Mayte es elegante, amena, muy bien escrita. Intimista en sus momentos de dolor y de montaña rusa, emotiva al narrar a su padre. Un libro fácil de leer, que podéis encontrar en el propio blog de Mayte, en el siguiente enlace:
Os aseguro que os llegará al corazón y se instalará ahí para siempre.
Juan José Esteban Puado, hijo de Juan Esteban Moreno y de Pascuala Puado Sanz, ha resultado para mí un auténtico placer conocerle. Mayte Esteban, muchas gracias por presentarnos.

sábado, 28 de enero de 2012

"El manuscrito 1. El secreto", de Blanca Miosi

«Cuando el monje extendió las manos ofreciéndole el cofre, se encontraba al borde del acantilado. Por un momento tuvo miedo de que fuese una trampa.  Antes de entregárselo lo retuvo un instante como arrepintiéndose. Temblaba tanto que pudo sentir sus movimientos convulsivos. Luego el monje hizo un ademán brusco, soltó el cofre y se lanzó al vacío. No se escuchó ni un grito. Instantes después, solo un sonido seco acompañado de un crujido atenuado por la distancia.  Horrorizado, se asomó al precipicio y pese a que ya estaba oscuro pudo distinguir un bulto informe sobre la roca plateada.  Le invadió un profundo sentimiento de piedad, una mezcla de compasión, pena infinita y agradecimiento. Tenía en sus manos lo que había ido a buscar, sintió a través del grueso tejido de la mochila los listones de metal en la madera.  Dio la vuelta y se alejó del lugar con largas zancadas: el mal estaba hecho y ya no había remedio.  Sintió el viento frío como un latigazo en la cara y supo que estaba húmeda a pesar de que aún no había empezado a llover. Reprimió el sollozo y caminó con prontitud el largo trecho de regreso que lo llevaría a la piazza, cobijando el bulto bajo su chaqueta de cuero.  Miró los signos fosforescentes de su reloj: tenía el tiempo justo para llegar al muelle y abordar el último ferry».
Así comienza “el Manuscrito I. El secreto”, la novela de Blanca Miosi que podeis encontrar en la página de Amazon a un precio muy asequible, en el siguiente enlace:
¿Cabe mayor sensación de curiosidad por seguir adelante después de leer un párrafo como este? Nicholas Blohm cierra el manuscrito en el que ha leído el párrafo anterior, y mira a su lado, en el banco de un parque de Nueva York. El hombre que se lo había prestado ya no está a su lado. Otro nuevo misterio, seguido, atrayente, seductor. Así es toda la novela. Situaciones misteriosas, intrigantes, atractivas, con el sabor a la buena literatura del que están impregnadas todos los libros de esta gran autora venezolana, la autora de “La búsqueda” y “El legado”, novelas que también reseñé en su momento en este blog.
Blanca Miosi vuelca en lo que escribe su profesionalidad como autora, su infinita capacidad de documentación. En el caso que nos ocupa, parece que en determinados pasajes el lector se sumerge, gracias a la precisión y facilidad de descripción de Blanca, tanto en las catacumbas y húmedas galerías del complejo de Noravank, en Armenia, lugar en el que se dice comenzó el cristianismo, como en modernísimos edificios de corporaciones de dudosa reputación, como esa “Empresa” cuyo poder se va haciendo infinito a medida que avanza la trama.
Nicholas Blohm seguirá leyendo ese extraño manuscrito, que modifica su contenido a capricho de un poder que se escapa de la inteligencia humana. Su camino se cruzará con el de Dante Contini-Massera, descendiente de una rancia familia italiana muy poderosa, que acude a Roma cuando su tío, Claudio Contini Massera, está a punto de morir a causa de una grave enfermedad. Ni Dante conoce a Nicholas, ni Nicholas sabe de Dante nada más que la información que, con cuentagotas, le va proporcionando el misterioso manuscrito. Sin embargo, cuando sus caminos coinciden, emprenderán juntos una aventura que les llevará por diferentes países y destinos más que sugerentes, desde la mencionada Armenia hasta la misteriosa y emblemática biblioteca de Hereford, en Inglaterra, en donde visitan su famosa biblioteca, en la que los libros permanecen atados con gruesas y antiguas cadenas para evitar los robos.
Misterio, historia, dramatismo, extrañas conspiraciones, descubrimientos del maléfico doctor Mengele ocultos en las ignotas catacumbas de Armenia, investigaciones ocultas en complejos situados en la inmensidad del desierto en algún lugar perdido de EEUU… “El manuscrito” cuenta con todos estos ingredientes para convertirla en una novela atractiva, atrayente, adictiva y representante de esa forma de leer en la que se te pasan las horas sin que te des cuenta, sin que puedas dejar de leer hasta saber un poco más. La trepidante acción, cuya muestra supone el inicio que os acabo de poner, no dejará indiferente a nadie, pero es que el manuscrito es algo más que eso. Mucho más que eso, diría yo. A todo lo anterior, muestra de una literatura que a priori podría parecerle a muchos de consumo o ligera, Blanca Miosi le proporciona su toque personal, esa profesionalidad llena de matices que ha sabido labrarse a fuerza de sus tres recetas clásicas: escribir, escribir y escribir. Ese toque personal al que me refiero se manifiesta en la elaboración de sus personajes, desde los mencionados Nicholas y Dante, los auténticos protagonistas, hasta el mayordomo de Dante, Pietro, pasando por todos los demás. Carlota, la madre de Dante que oculta un gran secreto que se irá descubriendo a medida que transcurre la trama, el fraile Francesco Martucci, íntimo amigo de Claudio, que carga también con su correspondiente secreto,  el mismo tío Claudio, un personaje grande, importante, creador de “La empresa”… Todos tienen algo que ocultar, todos son importantes para la trama, todos aportan su granito de arena para convertir esta novela en un atrayente viaje a la literatura con mayúsculas.
También resultan muy atractivos algunos personajes secundarios que, sin aportar a la trama gran contenido, acompañan a los personajes principales en este sugerente viaje al misterio. Es el caso de Linda, una mujer de la que Nicholas estuvo enamorado y que ahora no le gusta. Ella, con su indiscreción y curiosidad, provoca un pequeño cataclismo cuando abre el manuscrito y hace que se borre todo el contenido. También son sugerentes y misteriosos Irene, la novia colombiana de Dante, dueña de una floristería, y Jorge Rodríguez, un contable de la misma nacionalidad que muere en extrañas circunstancias atropellado por un vehículo.
No puedo ni quiero seguir desvelando más aspectos de la trama de “El manuscrito”. Es necesario que todo aquel que disfrute de la buena literatura la lea. Blanca Miosi está consiguiendo con su buen hacer un puesto muy importante en el mundo de los buenos escritores. La novela está siendo todo un éxito de ventas en Amazon, y eso demuestra que tiene tirón, que engancha, que atrae y que entretiene. Es algo más que un best seller al uso, con esos personajes planos a los que nos tienen acostumbrados muchos escritores posiblemente de más renombre que Blanca, pero de infinitamente menos profesionalidad. Malos muy malos y buenos que de tan buenos parecen imbéciles profundos. Los personajes de Blanca tienen mil matices. Pueden ser corruptos y hacérsenos simpáticos, pueden ser honestos y mantener un halo de hipocresía. Hasta el mismo Mengele se nos hace simpático en algún momento del encuentro… Pero no quiero desvelaros más amigos. Os invito a sumergiros en la lectura de esta magnífica novela, y a esperar con ilusión y curiosidad esa segunda parte que anticipa el final de la primera. Seguro que Blanca está ya trabajando en ella.

sábado, 10 de diciembre de 2011

La anciana que nunca jugó al tenis. Zidrou


Creo que ya lo he mencionado en varias ocasiones. Existen bastantes libros de historietas que superan con creces a muchas grandes obras de la literatura. De hecho, una buena historieta no tiene porqué dejar de ser literariamente bella, incluso más que la palabra escrita, si el dibujo y el guión se ponen de acuerdo para contar una buena historia. “La anciana que nunca jugó al tenis” se puede encuadrar en este grupo con todo merecimiento.

Componen el libro quince historias con guión de Zidrou, un excelente autor francés que ya me sorprendió muy agradablemente con “Lydie”, una entrañable historia con regusto retro ilustrada por Jordi Lafebre, un dibujante nacido en Barcelona, que concentra en los ojos de los personajes un sentimiento que no había visto hasta ahora.

Precisamente es Lafebre quien firma la primera historia del libro, “Coltrane”, en la que un anciano recoge en su casa a su nieto, un joven desgarbado que acaba de salir de la cárcel y al que le gusta tocar el saxofón. Desde la primera viñeta, desde el primer diálogo, se intuye ya que estamos ante una obra maestra. “Coltrane” transcurre con fluidez, gracias al ágil trazo de Lafebre y al buen hacer literario de Zidrou. Un ambiente entrañable, rural, con la sonrisa siempre presente de un abuelo que se desvive por su nieto. Es la última viñeta de esa historia la que te cruje el corazón. Un simple dibujo, sin palabras, resume de repente toda la esencia de “Coltrane”, te hace pensar que merece la pena seguir leyendo, te emociona hasta el punto de quitarte el sombrero y rendirte a la magnífica imaginación de un autor como Zidrou, que para mí ha alcanzado por sí solo el estatus de gran autor gracias, simplemente, al final de esa historia, sin dramatismos y sin alharacas, pero que supone un aldabonazo en la conciencia.

Piensas mientras lees que va a resultar imposible superar la carga emocional que posee “Coltrane”, y sigues pensándolo mientras lees “Vivaldi”, una historia de cuatro páginas, dibujada por Maly Sirl, en la que un hombre sordo tiene un canario que ha ganado varios concursos de canto. “Vivaldi” es una pieza corta, pero encierra una gran carga de filosofía. Termina con una sentencia cargada de razón, pero no es lo mismo que “Coltrane”, no. Definitivamente, resulta imposible superar esa historia.

Hasta que llegas a “Las quemaduras”, ilustrada por Simon Hureau.

“La vida es como las piscinas. Siempre hay alguien para enseñarte a nadar, pero nunca encuentras a nadie que te enseñe a ahogarte”. Con una frase tan demoledora y cierta como esta, empieza una historieta que te hace recapacitar, que además de emocionar, obliga a valorar a esos héroes, a esas personalidades fuertes a las que no les importa nada con tal de ayudar a alguien, a las que anteponen sus sentimientos hacia otra persona por encima de cualquier otra consideración. Hoy en día es sencillo ser egoísta, trepar en la escala laboral pisando a quien sea, reflejar actitudes racistas y violentas, mostrar los prejuicios a las primeras de cambio… Todo eso es lo fácil, lo normal, lo bien valorado. Lo complicado, lo verdaderamente admirable, es despojarse de todas esas miserias, producto del miedo, de los complejos y la cobardía, y vivir, y vivir mirando y entendiendo al de al lado, compartiendo sus alegrías, pero también sus tristezas. Vivir con integridad y con criterio, sin ese afán de pertenecer al rebaño que algunos adoptan como filosofía de vida. Eso es lo verdaderamente admirable. Los que viven así son los verdaderos héroes, los que tienen un par de narices para hacerle frente a la vida, y eso es lo que posee “Nutella”, el personaje principal de “Las quemaduras”, un policía de color que se llama así porque de niño ganó un concurso que consistía en pagarle su peso en botes de “nutella”, con la que invitó a todos los niños del barrio. Sin sentimentalismos, sin grandes dramas, con esa elegancia que destila Zidrou, la historia os desgarrará el corazón. Estamos de nuevo ante la maestría para conseguir desbordar el sentimiento. Una maravilla de guión. Aunque el trazo no sea tan sugerente como el de Lafebre, tiene la fuerza necesaria para transmitir.

Llegamos a un intermedio, creo que necesario. Se trata de “La intimidad”, un pequeño descanso en el camino. Un retazo en la vida de una pareja, de dos páginas, ilustrado por Homs, un autor al que voy a seguir a partir de ahora, porque me encanta su manera de dibujar.

“Pollos asados”, dibujada por Pedro J. Colombo, nos cuenta la historia del sueño de un hombre que abre un asador de pollos con toda su ilusión, y que ve cómo se derrumba el negocio con la misma ilusión. Muy buena, no tiene sin embargo la carga emocional de “Coltrane” o “Las quemaduras”, pero se deja leer muy bien y encierra esos toques de nostalgia que tanto enriquecen las historias de Zidrou, como la tienda de discos de vinilo.

La línea clara de Laurent Van Beughen, que me recuerda en muchas ocasiones a Hergé, nos sumerge en una historia de gran carga emocional en cuatro páginas. Otra vez nos encontramos con el corazón encogido al acabar de leer.

La siguiente historia se deja leer. “París, Berlín, Amsterdam, Tourgny-Sur-Vielle” nos cuenta los encuentros a lo largo del tiempo de cuatro amigos. Entrañable, me recuerda a la película “Héroes”.

La segunda escena de “La intimidad”, de Homs, nos hace despertar una sonrisa. Un suceso anodino y cotidiano termina de la forma más placebtera para sus dos protagonistas. Dos páginas cargadas de amor, con varios toques de ironía muy bien colocados.

Las dos siguientes historias, “La anciana que nunca jugó al tenis” y “El balcón”, son las más flojas para mi gusto. Buenas en sí mismas, y muy bien ilustradas, no alcanzan sin embargo la categoría de sus compañeras de libro. No sucede lo mismo con la siguiente, “Visita al cementerio”, un pasatiempo de dos páginas dibujado de nuevo por Laurente Van Beughen. La clásica historia de despiste, sin palabras, en la que no sucede lo que parece que va a suceder, con final sorprendente.

Y llegamos así a “Arthur”, ilustrada por Simon Hureau. Posiblemente sea esta historia la que más acongojado me ha dejado en toda mi vida, y no lo digo por decir. Aquí sí que se demuestra el valor y el coraje de un ser humano absolutamente digno de admiración. Un personaje al que el dibujante nos presenta con rasgos duros, un poco insolentes incluso, y que sin embargo tiene un gesto que te provoca una catarsis emocional incontrolable. Historieta no apta para cardiacos y para individuos de lágrima fácil, aviso.

Después de “El View Master” (a más de uno le sonará el título), una historia en la que lo más destacable es el esparcimiento de las cenizas de un difunto en el lujoso salón de la casa en la que servía, y de la tercera entrega de “La intimidad”, de Homs, llegamos a “Sopa de zanahorias”, ilustrada de nuevo por Jordi Lefebre, y en la que nos encontramos al personaje de “coltrane”, la primera historia del volumen. El círculo se cierra. La vida continua. Personas que se habían desencontrado se encuentran de nuevo, y probablemente vuelvan a separarse en el futuro. Esa es la ley de la vida. Cierras el volumen con una bobalicona sonrisa dibujada en el rostro, sintiéndote como uno de los personajes del libro. Acabas con esa placentera sensación de haber leído algo maravilloso, que todo el mundo debería conocer, y es a causa de ese sentimiento de esa necesidad que me entra de vez en cuando de propagar a los cuatro vientos todo aquello que considero interesante y gratificante para el alma, por lo que me he puesto a escribir esta entrada.

Se acercan fechas de regalos, para nosotros mismos y para nuestros seres queridos. Os aconsejo que reservéis un hueco para esta magnífica joya de la literatura y del buen cómic. Os aseguro que no os arrepentiréis.




lunes, 19 de octubre de 2009

"El legado", de Blanca Miosi


Ayer terminé de leer “El Legado”, de Blanca Miosi. Tengo que confesar una vez más que me encanta la forma de escribir de esta magnífica escritora residente en Venezuela. Ya me ocurrió con “La búsqueda”, otra novela suya, unas memorias más bien, en la que se cuentan los avatares que sufrió su marido durante la Segunda Guerra mundial, años terribles en los que llegó a estar incluso cautivo en Auschwitz.
Si “La búsqueda” me cautivó por su componente humano, capaz de ponerte la carne de gallina en cada página, “El legado” me ha gustado, además, por el componente histórico que refleja, la época convulsa de auge del nazismo, desde sus inicios, prácticamente nada más terminar la Primera Guerra Mundial, hasta el trágico final de su fundador, Adolf Hitler, en el búnker de Berlín.
¿Es posible reflejar algún rasgo humano del dictador más terrible que ha tenido la humanidad? Todos sabemos de sobra quien fue Hitler. Tenemos clavada en la memoria su imagen, aparentemente calmada, durante la celebración de los juegos olímpicos de Berlín en 1936. En aquella ocasión resultaban incluso entrañables sus gestos de viejo refunfuñón ante la implacable superioridad del atleta de color Jesse Owens. Seguro que la mayoría de nosotros recuerda también esa imagen suya, tan repetida e incluso parodiada por Charles Chaplin en su monumental película “El gran dictador”, de un Hitler al borde del colapso, gritando y escupiendo consignas destructivas frente al micrófono, ante una muchedumbre de miles y miles de personas. Le recordamos también sonriente, tendiendo la mano en Hendaya a Francisco Franco. Son las imágenes clásicas de un individuo que paralizó el corazón a millones de personas en todo el mundo.
Los que hemos sentido fascinación por el personaje y lo que supuso en la historia de Alemania y del mundo, podemos manejar algún otro dato, como las innumerables películas que se han hecho sobre su trayectoria (“El hundimiento”, las dos o tres versiones de “Valkiria”, la ya mencionada “El Gran Dictador”, “Los últimos días de Hitler”, “El búnker”, la imprescindible “ser o no ser”...), o algunos otros libros buenos, como “El huevo de la serpiente”, de César Vidal, o “Crónicas desde Berlín”, de Eugenio Xammar, una joya que explica desde su gestación la llegada al poder de Hitler, reflejando a la perfección la tristeza y decadencia en la que había quedado sumida la Gran Alemania tras la Primera Guerra Mundial.
Blanca Miosi consigue con “El legado” ir todavía más allá. Es capaz, con ese estilo claro y directo que la caracteriza, de mostrarnos otros aspectos del monstruo, su lado digamos “humano”, puesto así, entre comillas, porque de humano, precisamente, el amigo Adolf tenía más bien poco.
A través de la historia de Hanussen, un personaje real que ayudó a Hitler en su escalada hacia lo más alto, Blanca construye una trama perfecta, fascinante y sumamente atrayente. Resulta casi imposible dejar la novela hasta acabarla por completo. Confieso que mi opinión podría resultar ligeramente subjetiva, porque como ya he dicho, siempre me ha atraído esa parte de la historia de la humanidad, esa locura colectiva que empujó a millones de personas no sólo a seguir como borregos a un líder mesiánico, sino a morir por él, o a exterminar sin ningún escrúpulo a todo aquel que fuera judío. Jamás he conseguido explicarme cuáles pueden ser los mecanismos que pueden lograr que un individuo de esa clase se perpetúe en el poder, y Blanca nos brinda unas cuantas claves en ese sentido.
Simbología, psicología, orden, uniformidad, voz potente y sin vacilaciones... Hanussen le muestra a Hitler uno a uno los mecanismos para convertir a las masas en simples comparsas de los deseos de su dictador. Hanussen consigue fortuna y prestigio entre los poderosos que rodean a Hitler gracias a su poder de predicción y a su singular psicología.
Del fruto de la relación secreta entre el dictador y Alice, la hija de Hanussen (uno de los aspectos humanos a los que me refería antes, sin dramatismos y sin excesos, pero sumamente atrayente), nace Sofía, la hija de Hitler a la que hace referencia el título de la novela. Hanussen, que ha sido capaz de moldear el carácter y la personalidad de su discípulo, resulta sin embargo incapaz de controlar la maldición que le predijo en su momento Welldone, un misterioso personaje que le había enseñado los secretos del ocultismo.
Resulta enriquecedor alternar la historia del nazismo en toda su extensión, desde esa prevención de Hindenburg al otorgar plenos poderes a Hitler (me parece magistral esa media sonrisa del dictador ante el vetusto canciller alemán), hasta el trágico final en el búnker del Reichstag, con la trama concerniente a la descendencia de los dos hombres, Hanussen y Hitler. No quiero adelantar nada, por supuesto, pero os puedo asegurar que, una vez inmersos en la historia que con tanto arte despliega Blanca ante nosotros, no podréis abandonar el libro.
¿Cómo cae en desgracia Hanussen ante Hitler? No resulta extraño, pues salvo los dos o tres privilegiados que le acompañarían hasta las mismas puertas de la muerte (Goebbels sobre todo), era muy normal que todos los colaboradores cayeran más tarde o más temprano en desgracia a los ojos del dictador. Hitler fue quemando etapas hasta el final, sin importarle ni un ápice dejar cadáveres en el camino, y el de Hanussen fue sin duda uno de ellos. El ocultista profetizó el incendio del Reichstag, que se produjo efectivamente, y aquello fue el detonante de su caída en picado ante los ojos del fuhrer. Poco después, la historia real nos dice que Hanussen fue asesinado por las SS, y abandonado su cuerpo en un bosque de Alemania. Es ese punto en el que acaba la realidad, y comienza la fascinante leyenda que nos propone Blanca Miosi.
Como la escritora profesional que es, Blanca maneja a la perfección los cambios de criterio que nos plantea en su novela. Al tiempo que describe con sobriedad y rigor histórico los avatares del nazismo, cambia el ritmo al contarnos las peripecias de Hanussen, Hitler, y la descendencia de ambos. Frases cortas, directas a los sentidos, con un ritmo inmejorable, sin concesiones. Un estilo personal que crea en nuestra imaginación la correspondiente recreación cinematográfica. Esa es precisamente la grandeza de Blanca como escritora. Por un lado, su desbordante imaginación y rigor. Por otro lado, su capacidad de humanizar a personajes a priori inhumanos. Por otro lado, su facilidad para recrear hechos históricos vistos desde un punto de vista tan respetable como singular. Por otro lado... Podría pasarme horas analizando los aspectos que más me atraen del estilo de Blanca. Sólo puedo deciros que me gustan sus novelas, y que esperaré con ansiedad su próximo lanzamiento.
“El legado” está resultando un indudable éxito, tanto de crítica como de ventas. En esta ocasión sí que digo con toda la razón que esta entrada no es más que mi humilde opinión, ya que Blanca ha recogido en su página críticas y comentarios de escritores y lectores infinitamente más prestigiosos que yo. Resulta una delicia escuchar su voz en las innumerables entrevistas de radio que ya le han hecho, o en el vídeo de presentación de la novela que podéis ver en youtube. Por si os apetece profundizar un poco más en el mundo de “El legado”, os invito a visitar su página en el siguiente enlace:
http://ellegadoporblancamiosi.blogspot.com/
Os aseguro que no os defraudará. Y nos ayudará también sin duda, porqué no, a esperar el próximo lanzamiento de Blanca, que seguro que se convertirá también por méritos propios en un rotundo éxito.

domingo, 11 de enero de 2009

La elegancia del erizo. Muriel Barbery


El jueves pasado terminé por fin una novela que había comenzado con bastante entusiasmo a mediados de Septiembre, para dejarla más o menos congelada en la página 70 desde entonces, retomarla el jueves y finalizarla ese mismo día. ¿Las razones de la congelación?. Creo que resultan sencillas: no es una novela que desde el principio enganche. Es más: el principio resulta bastante aburrido, con tantas y pretenciosas referencias a Kant, Marx, Engells y otros, que te dan ganas de tirar el libro cada vez que René, la portera que oculta una profunda personalidad, toma la palabra.

Como supongo que a estas alturas muchos de vosotros ya conoceréis el libro, creo que voy a resumirlo en dos palabras, para los que no lo hayan leído todavía. Repito que es un libro muy denso al principio (siempre bajo mi modesta opinión, por supuesto), que gana mucho a medida que nos vamos adentrando en la página 100, más o menos, y que para mi gusto tiene un final catastrófico y cogido por los pelos, como si alguien le hubiera dicho a Muriel Barbery “Venga, acaba ya, que llevas más de doscientas páginas, y algo más largo resultaría impublicable”. No me puedo explicar, si no es por esa razón, un final tan terrible y tan injusto, sobre todo porque toda la novela transcurre por el camino de la comedia, y uno se queda con la boca ante el cambio de registro que supone el final, que no voy a desvelar por deferencia hacia los que no lo hayáis leído.

El caso es que un lujoso inmueble de París habitan dos personas de una gran cultura y con una personalidad muy por encima de lo que se considera normal. René, la portera, es una mujer que pasa de los cincuenta, que se siente fascinada y aturdida ante la belleza de un cuadro de la escuela holandesa, la música clásica o cualquier libro de Toltoi, en especial “Ana Karenina. Paloma es una chica de doce años con una inteligencia muy por encima de lo normal y un sentido común que apabulla. ¿Qué tienen estas dos personas en común?. Pues que las dos se han convertido en dos solitarias, porque quieren, a toda costa, que nadie descubra su verdadera personalidad. Ocultan con celosa obsesión sus gustos, su cultura, su inteligencia, porque consideran que el mundo no está preparado para asumirla. Casi hacia el final del libro nos enteraremos de los motivos de René para no querer salirse de su rol de portera, para mantener el cual no duda en cocer repollo, “porque en todas las porterías huele a repollo”, según sus propias palabras, mientras ella se complace en degustar verdaderas delicatessen culinarias, sola o en compañía de su amiga Manuela, una asistenta portuguesa experta en cocinar unos dulces esplendorosos.

En cuanto a Paloma, su caso es diferente. Está tan asqueada de su superficial familia, y en especial de su hermana Colombe, que ha decidido transcribir todo lo que le pase por la cabeza antes del 16 de junio, fecha en la que cumple trece años. Ese día se suicidará después de quemar su casa. Así de sencillo.

El libro transcurre pues alternando las intervenciones de René y de Paloma. Es muy de agradecer, en la edición de Seix Barral, que la letra de cada una de ellas sea diferente. Resulta sencillo de ese modo dictaminar si la que habla es Paloma o René. Resultaría interminable elaborar una lista de las referencias culturales que salpican el libro, tanto por parte de una como de la otra. Manga, cine, literatura, pintura...Las dos mujeres saben distinguir la belleza cuando se presenta ante ellas, y cuanto más sutilmente, mejor.

A la casa llega un jubilado japonés, Kakuro Ozu, emparentado lejanamente con Yazujiro Ozu, el famoso director de cine del que René es una ferviente admiradora. Desde el primer momento, Kakuro intuye que René oculta una personalidad más profunda de lo que aparenta, y consigue la complicidad de Paloma para averiguar más sobre el asunto. Paloma, que siente una especial fascinación por todo lo japonés, se presta encantada a ese juego, y acaba coincidiendo con René, quien le explica, en uno de los capítulos más emotivos que haya leído nunca, que su obsesión por no mezclarse con la élite, a la que pertenece Kakuro, se debe a que una hermana suya fue seducida y abandonada por un hombre rico después de dejarla embarazada. Y no cuento más, porque a partir de ese momento sería algo así como destriparos una historia que tenéis que leer.

Hay dos pasajes en el libro que me causaron una profunda impresión. El primero transcurre cuando Paloma va a casa de Kakuro a tomar el té por primera vez.

“Bueno, esta es una típica conversación de adulto, pero lo bueno con Kakuro es que todo lo hace con educación. Es muy agradable oírlo hablar, aunque te traiga sin cuidado lo que cuenta, porque te habla de verdad, se dirige a ti. Es la primera vez que conozco a alguien que se interesa por mi cuando me habla: no espera aprobación ni desacuerdo, me mira con una expresión como si estuviera diciendo: “¿Quién eres? ¿quieres hablar conmigo? ¡Cuánto me gusta estar contigo!” A eso me refería cuando hablaba de educación, esta actitud de alguien que le al otro la impresión de estar ahí”.

Es uno de los pasajes, entre otros muchos, en los que Paloma expresa su rabia hacia la falta de escuchar a los demás que presiden las relaciones hoy en día. Ella es capaz de escuchar, y se jacta de ello, y disfruta cuando escucha a alguien que la trata con educación.

El otro pasaje es algo que siempre me ha estado dando vueltas a la cabeza, y que Muriel Barbery ha reflejado con una profesionalidad y una agudeza que me ha hecho quitarme el sombrero de verdad. Se refiere a la forma de pensar de los adolescentes, pero dejémosla hablar a ella, a través, otra vez, de su personaje, Paloma:

“En mi colegio se puede comprar de todo: ácido, éxtasis, coca, speed, etc. Cuando pienso en los tiempos en los que los adolescentes esnifaban pegamento en el cuarto de baño... No era nada comparado con lo de ahora. Mis compañeros de clase se colocan con pastillas de éxtasis como si fueran caramelos, y lo peor es que, donde hay droga, hay sexo. No os extrañéis tanto: hoy en día los jóvenes tienen relaciones sexuales muy pronto. Es muy desalentador. Primero, porque yo creo que el sexo, como el amor, es algo sagrado. Si yo viviera más allá de la pubertad, sería para mi muy importante hacer del sexo un sacramento maravilloso. Segundo, porque un adolescente que juega a dárselas de adulto no deja de ser un adolescente. Imaginar que colocarse los fines de semana y andar acostándose con unos y con otros va a hacer de ti un adulto es como creer que un disfraz hace de ti un indio. Y tercero, no deja de ser una concepción de la vida un poco extraña querer hacerse adulto imitando los aspectos ma´s catastróficos de la edad adulta... A mi, haber visto a mi madre chutarse antidepresivos y somníferos me ha vacunado de por vida contra ese tipo de sustancias. Al final, los adolescentes creen hacerse adultos imitando como monos a los adultos que no han pasado de ser niños y que huyen ante la vida. Es patético. Aunque bueno, si yo fuera Carelle Martín, la tía buena de mi clase, me pregunto que haría todo el día aparte de drogarme. Ya tiene el destino escrito en la frente. Dentro de quince años, después de haberse casado con un tío rico solo por casarse con un rico, su marido le pondrá los cuernos porque su perfecta, fría y fútil esposa habrá sido del todo incapaz de darle, digamos, algo de calor humano y sexual”.

Tengo un hijo adolescente que, por suerte para mi, no quiere dejar todavía de ser un niño, y espero que no lo quiera nunca, pero conozco casos de muchachos de su entorno que parecen tener prisa en pasar a ser adultos, y creo que este párrafo define a la perfección la tristeza de esa actitud. Sobre todo en el caso de las chicas. Resulta muy sugerente fardar en clase de que se conoce a un muchacho cinco o seis años mayor, que viene a buscarla en moto, que fuma, etc, pero no se dan cuenta de que ese chico, cinco o seis años mayor que ellas, no va buscando otra cosa que lo que no ha podido conseguir con chicas de su edad, debido a su patética personalidad, o a una necesidad manifiesta de dárselas de importante ante personas de un nivel muy por debajo del suyo. Soy de los que sufrieron en sus carnes situaciones de ese tipo, ya que ni mis compañeros ni yo teníamos ni los medios ni la pasta como para competir con esos veinteañeros engominados que se llevaban a nuestras compañeras de quince sin que nosotros pudiéramos impedirlo. Aunque solo sea como revulsivo para ese trauma de mi adolescencia, la verdad es que ese párrafo me pareció perfecto.
Un libro, en definitiva, que no os dejará indiferentes, os lo aseguro.